Los muros del Apartheid: 5 tarjetas de identidad para segregar a la población

By Visualizing Palestine

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La presencia de Palestina en los medios de comunicación es recurrente pero muy esporádica. ¿Por qué es un régimen de Apartheid? Lejos de ser un conflicto, como se le denomina equivocadamente, el Gobierno de Israel ha ido construyendo una compleja infraestructura de segregación que alcanza a los recursos naturales, bienes básicos, medios de producción, mobilidad y convivencia. Y también, al documento de identidad. Cinco tarjetas de identidad distintas delimitan los derechos de cada ciudadano/a, en territorio israelí y palestino. Este gráfico, elaborado por Visualizing Palestine, ejemplifica lo que para Israel ‘vale’ cada persona.

Ha construido un muro físico de más de 700 kilómetros, ocupado las tierras, demolido casas, expulsado a la población, destruido cultivos, dejando a Palestina sin agua, carreteras y sin derecho a salir de algunas zonas. Y además, ha clasificado a la gente, según su particular escala de ‘pureza’. La imaginación aplicada contra la ley da lugar a las más retorcidas estrategias contra la población. Esta realidad es la que viven palestinos y palestinas, desde hace casi siete décadas, cuando se autoproclamó el Estado de Israel.

El primer tipo de ciudadanía, el que poseen casi 6 milles de personas, población judía de Israel con libertad para moverse libremente de personas; pueden votar, van al ejército de forma obligatoria y pueden vivir en todo Israel y en las zonas C de Cisjordania, un 60% de este territorio; no pueden vivir ni en las zonas A y B ni en Gaza.

Todos los demás tipos de identificación son para la población palestina. El primero lo forman los/as  palestinos/as que no fueron expulsados en 1948 y que por tanto, viven en Israel. Son cerca de 1,3 millones de personas y pueden votar. No van al ejército ni pueden vivir en un 68% de Israel por oposición de los comités de admisión, tampoco en Cisjordania ni en Gaza. Es decir, este grupo vive dentro de un sistema y un territorio, que legaliza la discriminación mediante una tarjeta de identidad.

Le sigue la población palestina residente en Jerusalén. Viven bajo ocupación militar y discriminación legal, del mismo modo que la de Cisjordania y los de Gaza. En Jerusalén viven unos/as 300.000 palestinos/as. No pueden votar, no son considerados ciudadanos/as israelíes y si viven fuera de la ciudad, pueden perder la “residencia permanente” en Jerusalén.

Al otro lado del muro se encuentra la pblación que vive en Cisjordania. Supera los dos millones de habitantes. Solo pueden vivie en el 40% de este territorio (zonas A y B). Viven colonizados/as y bajo control militar.

Puede ser aún peor. Un millón y medio de personas, habitantes de Gaza, bajo el bloqueo impuesto desde que Hamas ganó las elecciones en la zona, en 2007. No pueden salir de la Franja salvo si poseen un permiso de trabajo en Israel, que debe concederles el Gobierno.

La exclusión absoluta es la que padecen los/as 5,7 millones de refugiados y refugiadas que viven fuera de Palestina.  Las resoluciones no han servido de nada y el “derecho inalienable de los palestinos a regresar a sus hogares y recuperar sus bienes desde donde quiera que se encuentren desplazados”, como afirman la 194 (1948) o la 3236 (1974 ), no es más que una frase en documentos de Naciones Unidas.

El sistema de identificación impuesto por el Gobierno de Israel no es más que uno de los innumerables muros que ha levantado frente a la población palestina, en un alarde de segregación que acerca la situación actual a la vivida en Sudáfrica durante el régimen del Apartheid. Como afirma la Declaración del Olivo, las observaciones finales del Comité sobre la Eliminación de la Discriminación Racial para Israel: CERD/C/ISR/CO/13, par. 23, 23, 33, 34 y 35, a 09 de marzo de 2007; y CERD/C/ISR/CO/14 – 16, par. 11, 15, 24-27 a 09 de marzo de 2012, instan a Israel a poner fin a todas las políticas y prácticas que violan las disposiciones del artículo 3 de la Convención, que prohíbe la segregación racial y el apartheid. Sin embargo, palestinos y palestinas aún esperan, desde 1948, que alguna de estas disposiciones se cumplan.

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